Eres un poema erótico, la tentación más grande que he tenido.
La manzana del pecado, un bocado de placer.
Te habla mi instinto desvergonzado.
Ven, te quiero comer. Recorrer tu piel con la punta de mi lengua.
Muero por verte venir y salpicar todo con la vida que llevas por dentro.
Tenerte entre mis manos y sentir que te vas y te vienes.
¿Te vienes?
Llega cuando sea muy noche, déjame interrumpir tu sueño, oírte gemir tan excitado.
Eres una prosa lasciva y yo me siento tan conscupiscente, sucia, mojada, caliente.
Se me desbordan las ganas nomás de verte.
Quiero tu mirada clavada en el cielo, como preparándote porque sabes que hasta allá te voy a llevar. Con mi lengua hurgando en tus oídos. Con mi voz estallando en un gemido que te dure dos primaveras y media.
Eres un verso húmedo, salido de un libro de Anaïs Nin.
Seductor, temperamental y tan sexy.
Me quedaría a vivir entre tus dientes. En la mueca jadeante qué haces justo antes de venirte.
En tu mirada fija que me engulle y me escupe en el cielo de los orgasmos.
Eres un poema erótico, mis dedos hundidos en el lugar donde no sale el sol y sin embargo siempre está caliente.
Eres un murmullo de placer, mi fantasía.
¿Te vienes?
-Mercedes Reyes Arteaga
Había una vez... un blog que contenía cuentos... había cuentos cortos, y narraciones breves, también micro relatos... y algunos lectores acudieron a él y los entretuvo.. y algunos fueron felices... no para siempre... pero al menos por un momento. Y se cumplió el sueños del blog... entretener algún lector perdido en la inmensidad de la red.
domingo, 3 de marzo de 2019
Poema de la chica de adamantium
Haciendote verbo
Ahí estoy, siempre haciéndote verbo, conjugandote a mi antojo, intercalando tu nombre entre las lineas, disfrutando de tu anatomía verbal, haciéndote poema, verso, cuento. Tú siempre viviendo al filo de mi lápiz, y yo celosa, plasmandote en esta hoja en blanco. Y eres todo, sintaxis, contexto, ortografía, punto y coma, puntos suspensivos y unas enormes comillas al llegar la noche. Te pienso, te escribo, te lleno de adjetivos y me quedo vacía, el sujeto perfecto, la conjugación adecuada, el predicado que le da sentido a todo. Te escribo deseosa de no hacerlo, deseosa de que tu piel sea mi lienzo, que la poesía sólo la leas tú, y soy egoísta y loca y te tengo de diccionario, poemario y antología. Te se rima y métrica. Te se y te siento, en la punta de mis dedos, a la hora de escribir.
Fragmentos de no sé qué… M.r.a (via la-chica-de-adamantium)
http://lachicade-adamantium.tumblr.com/post/51701116345/ahí-estoy-siempre-haciéndote-verbo-conjugandote
viernes, 1 de marzo de 2019
La que llaman Samanta
LA QUE LLAMAN SAMANTA...
(continuación de "Por un dulce... De Princesa a Samanta")
Autor: Juan Carlos Carvajal Escalante.
Soy una mujer. Una mujer que siente, que sufre, que llora, pero que también es fuerte; una mujer que se apasiona, que tiene momentos de locura, que siente culpas, que lucha, que puede ser tranquila pero también atrevida. Una mujer que sabe la diferencia entre puta y prostituta: la primera es la que coge porque sí y la segunda es la que vende su cuerpo por dinero. Yo no lo vendo ni cojo porque sí. Yo amo el sexo. Lo hago porque me gusta aunque no sea mi felicidad... Y si supieran que, aún ando en busca de mi felicidad. El sexo es otra cosa, solo eso, y el dinero solo un bien necesario en esta mierda de mundo a la que vine a ser criticada y a criticar... Soy esa misma a la que llaman Samanta, por culpa de alguien más... Ése no es mi nombre.
Sí, he hecho cosas que no imaginan y quizás de las peores, pero, ¿qué me dan acaso ustedes para rendirles cuenta de mis acciones?
-'Todo sucedió y así pasó. Sabes que nada sucede porque sí. Así debían ser las cosas'- Eso siempre me repito yo.
Algunos me llaman loca, por alguien más a quien no conocen... Otros me llaman delincuente por algo que no hice. Se ha especulado de mí tantas cosas. Se me ha tildado de cosas por culpa de alguien más... Han dicho mucho de mi, incluso hasta se han atrevido a decir qué clase de vida he llevado. Una vida que en realidad no he llevado. Tengo a un gran amigo que hoy yace en una tumba, pero que visito a diario. Un amigo que se acercó a mí no por sexo sino por ser parte de mi. Y es que ha sido tan parte de mí, que a veces siento que esta historia que relato no es sobre mi sino de él... O que al hablar de él realmente hablo de mi... ¡Qué importa! Igual Mateo ya está muerto...
¿Por qué me dejaste Mateo? ¿Por qué te fuiste si eras mi más grande amigo, mi único y verdadero refugio? ¿Por qué no vuelves y me hablas y me preguntas cómo estuvo mi día? ¡Lo necesito! ¡Te necesito!
¿Saben? Lo último que me dijo Mateo antes de irse estuvo en una nota, -'Te quiero, Samanta'-, y yo no pude responderle: -'Yo también'-. Él conocía todo de mi. Él conocía mis miedos. Mis mayores sueños y mi fragilidad. Conocía mis pasos antes de que intentara dejar huella. También debo reconocer que, fue el mejor en la cama conmigo. ¡Me hizo sentir mujer! ¡Me azotó con ganas! ¡Siempre me hacía repetirle una y otra vez que yo era su prostituta! ¡Me decía cosas sucias y yo adoraba que las dijera! ¡Me excitaba, no lo puedo negar! ¡Me estremeció! ¡Me supo hacer sentir sus manos entalladas en mi piel! Pero lo más lindo que pude conocer de él, fue esa parte de mi que él me hizo conocer. Esa parte que desconocía guardaba bien adentro de mi ser. Me hizo sentir amada... Me hizo sentir que nada sucede porque sí. Que él era para mí. Que yo era para él.
Íbamos a a tener una hija. Ya tenía mis 9 meses de embarazo. Sólo esperaba el momento de dar a luz...
Mateo, él era frágil. Solía tener pesadillas, solía sentir miedo. Solía estar solo. Tenía complejos. Tenía delirios. Es irónico, hablar de él es como si me describiera también a mi. ¿Será que es cierto lo que dice la gente de mi? ¿Será que en serio sí estoy loca? ¡Bah!
Un 10 de enero, 3 meses después del nacimiento de nuestra hija, fue la última vez que lo pude ver. Esa vez luego de caminar juntos con nuestra pequeña niña por el malecón de la ciudad, luego de habernos tomado un jugo natural, volvimos a subir al coche, y ya adentro le dije que ya no quería que me volviera a decir que yo era su prostituta. Que no quería que me hiciera repetirle esas palabras sucias cuando tuviéramos sexo. Que yo no quería ser su puta. Yo quería ser su mujer. Que yo quería que me dijera cosas distintas. Yo no quería vivir de aquel cruento pasado. No quería volver a recordar lo que había vivido. Yo quería una familia. Un hogar. Un hombre a mi lado, y no sentir que el amor de mi vida me tratara como si fuera una basura, como si en vez de ser mi amor fuera un cliente. Cuando yo jamás he sido una prostituta. No quería sentirme más así, porque ya teníamos una hija. Quería ser feliz con él. Quería ya mi familia...
Pero... Luego de eso. Él no me habló más. Se quedó mudo. Se llevó a mi hija, se la llevó (lágrimas). Él no me volvió a llamar, no me fue ni siquiera a visitar. Aunque sabía mi dirección. Sólo esa noche que me quería ver, un 13 de Febrero y yo no quise. Por más que me decía que necesitaba decirme algo especial esa noche. Que quería decirme algo urgente, que estaba arrepentido. No quise saber más de él. Sólo recibí una nota que decía: -'Te quiero, Samanta'-. No supe más de él. Yo sufrí mucho... Desde entonces viví pensando solo en mi hija.
Hasta que hoy, 7 años después, justo la misma fecha en la que él quiso verme y yo no quise. En la que se llevó a mi hija. Una llamada me hizo saber de él nuevamente y se me salieron las lágrimas llenas de rabia y dolor. Un policía me llamó esta mañana...
Hoy tengo 29 años y el dilema es grande. Para unos soy una puta y para otros una prostituta más. Para los que leyeron la historia que aquel hombre que era mi 'príncipe' utilizó para difamarme. Eso soy. Mi aspecto no es saludable. Estoy muy delgada y mi dentadura hace mucho tiempo que no es revisada por un odontólogo. Mis ropas ya están viejas y, sobre todo, he aguantado mucha hambre: durante las preguntas que me hicieron y mientras escribí este relato debí tomar un café con leche urgente de los grandes con medialunas. Me estuvieron interrogando por algo que dicen que fui responsable de forma indirecta. Pues hoy martes, 14 de febrero la policía detuvo a un hombre de 34 años en su apartamento que luego se les escapó haciéndose el loco: vivía solo en una habitación, era un enfermo con depresión con revistas de pornografía por doquier. Se drogaba con pegamento. Lo detuvieron, porque tenía a su hija de 7 años vestida como yo, maniatada a su cama de espaldas, sin ropa interior, a quien violaba y llamaba 'Samanta'. La niña se llamaba 'Doris'. Doris, ese era el nombre de la hija que quería tener con Mateo. Era mi hija... No imaginan mi dolor. Ese hombre era Mateo.
¿Qué hubieran hecho ustedes en mi caso? ¿Cómo hubieran reaccionado? Yo fui al apartamento que la policía me indicó lo encontraron. Era obvio que no lo iba a encontrar allí. Sus dos primos supieron la noticia y me contactaron. Me dijeron que lo habían visto dirigirse a un viejo apartamento que tenía a las afueras de la ciudad. Yo no sabía dónde quedaba. Me llevaron. Allí afuera vi su coche. Sus primos se fueron y me dejaron allí. Toqué a su puerta y me abrió él. Saqué un rollo de dinero y le dije: -'¡Quiero sexo, puto!'- Él se sorprendió, me iba a cerrar la puerta, y yo la empujé fuerte. Saqué un cuchillo que llevaba y lo apuñalé cuantas veces pude. Lo enterré bajo un árbol que había cerca de allí... Lo maldije, lo insulté, lo irrespeté como a una puta. ¡Como a una prostituta! ¡Como él me decía que le gustaba decirme yo le dije! ¡Escupí sobre su tumba! Y como era 14 de Febrero, le dije las últimas palabras: -'¡Yo también te quería! ¡Yo quería que nos casáramos! ¡Pero menos mal no pasó! ¡Hubiera detestado ser solo una prostituta!'-
Es irónico. A pesar de todo, lo lloro. A pesar de todo, lo vengo a visitar.
(gemidos de acto sexual - acto sexual) -'¡Dime que eres mi puta! ¡Dilo! ¡Te gusta que te trate como una prostituta!'- Decía un joven de 17 años llamado Mateo a su novia. -'¡Espera, espera! ¡Yo no soy ninguna puta! ¡Yo no soy ninguna prostituta! ¡No me gusta que me trates así! ¡Yo me llamo Doris! ¡Mejor vete, ya no quiero esto! Lo siento Mateo. Es mi historia y no quiero volverla una pesadilla o una vida que poco a poco pierda sentido como si estuviera muerta en vida. Me gusta el sexo. No ser una puta. Mi nombre es Doris. Quiero seguir siendo Doris, y no esa a la que llaman Samanta, la prostituta... Y quiero despertar de esta pesadilla que he tenido, que me ha mostrado el mundo en el que no quiero estar sumergida. En el que no quisiera estar'-
El joven Mateo sorprendido: -'Oye, esta bien, tranquila, pero dime, ¿qué tienes? ¿Qué te pasó? ¿Cuál pesadilla? ¿Cuál Samanta?'-, Doris responde: -'Tranquilo, yo me entiendo'-
POR UN DULCE... DE PRINCESA A SAMANTA.
POR UN DULCE... DE PRINCESA A SAMANTA.
(continuación de "La Prostituta")
Autor: Juan Carlos Carvajal Escalante
"Un niño con una caja se le acercó y le dio un dulce. Tres meses después el infierno comenzó...
Mateo, así me llamo. Siento que nada pudiera hacer. Siento que ando mal de la cabeza. Me aburro fácil, me deprimo aún más fácil, y si eso fuera poco, cada vez que veo su retrato recuerdo cómo sucedió aquella tragedia del 13 de febrero por la noche que, me llevó a emprender el camino de malas decisiones hasta este día...
Y es que tuve tantas ganas de vivir, al menos así fuera pensando en el desayuno con Kelloggs del siguiente día. Al menos ese momento era el especial. Luego del desayuno, ya todo era igual. Estrepitosos ruidos, discusiones y golpes, insultos y otras más cosas que no creo alcancen a imaginar... Siempre me lo pasaba solo en mi habitación. Tomaba en ocasiones seguidas sin que mis padres lo notaran. Tuve muchas novias, todas eran muy buenas. Eran imágenes en revistas enseñando sus partes íntimas. Era una colección completa mis parejas mudas. Cada vez entre sueños alguna de ellas se me aparecía y lo hacíamos como locos tantas veces como las ganas de ambos nos pedía. A veces aparecían de a dos y otras veces juntas todas me desangraban toda la noche y al despertar al menos lo hacía con satisfacción y una leve sonrisa... Lo debo confesar, fueron las novias más lindas y complacientes que pude tener en mi vida.
Por mi ciudad, llovía casi siempre. Era raro el día que así no fuera. Una de mis distracciones favoritas, era el ver caer la lluvia. Precisamente ver a esas mujeres pasar bajo la lluvia corriendo y sus camisas mojadas pegadas en sus cuerpos. Me encantaba verlas y pensar: -'Ahí va Samanta, aquella que no volví a ver jamás en mi vida. ¿Qué será de ella?'-
Recuerdo que el día en que la vi por primera vez, fue la noche más intensa que pasé. Regresar a mi apartamento no tenía ya sentido cuando ya ella me había dado a probar del elíxir que producía en medio de sus piernas. Recuerdo que la quise volver a visitar. Recuerdo que su belleza era más que solo física, también era interna. Era misteriosa a la vez que tan llena de locura. Era tan... La veía y su olor a pasión hasta mis ojos lo percibían. ¡Uff! ¡Ella era de verdad una mujer divina que inspiraba hasta al más casto varón a destrozarla en una y mil noches más sin compasión! Pero, ¿qué sería de ella? Desde aquella noche que le quise declarar mi amor. Desde aquella mañana que un policía me llamó a darme la típica cruel noticia...
Yo había sido su confidente, el que logró lo que jamás nadie había logrado conocer, y escudriñar su corazón. Su vida más oculta. La que nadie más conoció, era ya una junto a la mía. Ya su vida y la mía eran una desde la vez que no quise solo 'coger' con ella sino hacerla mía...
Recuerdo aún detalles de su vida. Recuerdo que... Su padre y su madre no la amaban tanto como tantos en cambio sí han tenido esa fortuna. Me sentía con ella muy identificado, quizás por eso conectamos rápido nuestras vidas. Ella no tenía hermanos, solo primos y una vida solitaria entre golpes. Su única verdadera familia y amiga era sólo una muñeca a la que ella llamaba 'Doris'. Unos tíos enfermos y toda una fila de banco de hombres queriendo conocer su piel blanca de niña. Apenas entonces ella tenía 15. 15 años. Una frágil porcelana sobre el borde de una mesa en medio de una tormenta que pronto la destruiría.
Llegó a enamorarse. Me relató. Un niño un día, cuando ella reposaba triste bajo un árbol al lado de su casa, mientras yacía recostada sobre la grama, se le acercó y le dijo: -'Mira, aquí te mandan'- era un dulce. Fueron varias las veces en que el niño aquel le llegaba con un dulce. Hasta que un día ya no solo fue un dulce. También había un pequeño papel con una nota. 'Me encantas niña', eso decía. La intriga de saber quién era el autor la empezó a enamorar y a consumir. El niño aquel no volvió más...
Pero una tarde, mientras sus padres no estaban. Ella vio a su príncipe un día en un coche parar frente a su casa. -'Cuando lo vi me fascinó, y sentí de una vez que él era mi autor'- me contaba. -'Me saludó y yo quedé muda. Me dieron nervios, pero al tocar mi mano con la suya sentí tanta paz como esa que jamás había sentido. Me regaló un dulce y el corazón me brincó. Fue extraño. Fuimos a dar vueltas y conocimos a sus primos y ellos sabían todo de mí y me dijeron que él me amaba, que de hace mucho tiempo me echaba un ojo al pasar por mi casa. Que les hablaba a diario de mi. Que quería algo serio conmigo. Que quería brindarme una mejor vida distinta a esa que me encerraba con padres que no me querían. Mi máximo anhelo siempre que salía a la calle y veía a las familias pasear era tener algo así algún día. Aunque solo era una niña, al menos eso soñaba. No tenía esperanzas en nada más como una carrera, estudiar y esas cosas. Por eso, que ellos me dijeran eso eran cosas que me llenaban de ilusión, que me hacían sentir mariposas en la panza'- Todo eso me conmovió en Samanta. Sentía ganas de matar a sus padres a puñetazos. ¡Qué mierda les pasó! ¡Cómo no pensar en su pequeña hija y que morían por dentro sus ilusiones de niña! Fue tan extraño sentir que quería llorar por una historia que no era mía.
Pasó una semana y volvieron a encontrarse. Él le ofreció que le acompañara a uno de sus viajes a otra ciudad del país. Una ciudad cerca, porque le dijo que era comerciante. Ella aceptó sin mediar permiso alguno con sus padres. La llamó 'princesa' y ella me cuenta que se le enrojecieron sus mejillas.
Aquel tipo, tan puntual, llegó a la cita en su coche un viernes a eso de las 5:00 PM con rosas y chocolates a llevársela en su viaje. Samanta no tardó en alistarse, aprovechando de que sus padres otra vez no estaban en casa.
Él, el tipo ese que se la llevó en aquel coche de su casa, se ganó su confianza, le relató de su vida, que era una víctima, que en su casa lo golpeaban y Samanta por primera vez se abrió a una persona. Confió en él. En todo lo que le decía. Le contó todo lo que traía dentro desde su vida en aquella mala familia. -'Todo lo saqué con él y fue la primera persona que se enteró de todo por lo que yo pasaba y empezamos a llorar, me dijo que me entendía, que sabía lo que yo sentía, y pensé: ¡guau!'- Me relató.
Samanta, la niña Samanta. Regresó a casa de madrugada y tras bajar de aquel coche, una discusión fuerte y una gran golpiza la esperaban. Su propio padre la corrió. -'¡Eres una puta!'- le dijo. Y la corrió. -'Elegí la puerta que se me abrió. Había alguien que me ofrecía respeto, cariño, comprensión y no me fui de casa porque me corrieran. Diría mejor que escapé de casa'-, dijo ella. -'Nada en esta vida pasa porque sí, todo tiene una razón'- me contó con sus ojos aguados. Se había ido a los brazos de aquel que la subió en su coche.
Me siguió relatando su vida. Aquel hombre que la fue enamorando, que resultó tener 34 años. ¡Por Dios, ella apenas tenía 15!
La llevó a un lujoso apartamento en un edificio de 6 pisos a las afueras de la ciudad. Allí la llevó a vivir. Los primeros tres meses fueron perfectos, llenos de amor, pláticas, ropa, zapatos. Pero algo en ese edificio para ella era extraño. Mujeres entraban y salían cada semana y ese tipo le aseguró que eran comerciantes como toda su familia, pero después comenzó a hablar con la verdad. -'Me dijo que sus primos eran Proxes y yo le pedí que me explicara porque no sabía. Me dijo que cuidaban a chicas que se dedicaban a la prostitución, y me preguntaba: ¿qué pasaría si tú trabajaras de eso? Constantemente me bromeaba con esas cosas. Después me dijo que yo tenía que trabajar y que no me imaginaba lavando trastes, limpiando casas, y me empezó a explicar de qué iba a trabajar si acaso me interesaba eso, cuánto tenía que tardar y qué tenía que hacer en el cuarto'-. La vi con tristeza y sentí rabia a la vez. Ella había vivido en un ambiente de golpes y maltratos, y ahora algo más se iba a sumar en su frágil vida...
-'Me dijo que el sexo no era malo. Que no iba a pasarme nada malo mientras él estuviera conmigo. Que me iba a enseñar cómo ser buena en la cama, que como era mi pareja era normal que me enseñara cosas. Que debía aprender a explorar cosas diferentes y a conocer mi cuerpo. Que iba a enseñarme a disfrutar de mi propio cuerpo primero. Yo era una niña enamorada de un hombre que me entendía y que era mi refugio. Confié en él. Me enseñó cosas. Me tocó muchas veces y me gustaba. Sentía corrientazos extraños cuando lo hacía, pero me gustaba. Me besaba por el cuello y las piernas. Yo temblaba, pero me gustaba. Me tomó la mano y me la llevó a adentro de su pantalón. Me dijo que me tranquilizara. Que era normal porque éramos pareja. Que eso hacían las parejas. Jamás había hecho eso y sentirle su 'cosito' duro y mojado fue extraño. Fue raro e incómodo. Yo saqué mi mano de inmediato. No fui capaz de seguir. No sentía nada al hacerlo. Pero él siguió tocándome. Me tocó allí abajo y aunque al principio fue fastidioso y no me sentía bien, después me gustó mucho debo decirlo'- Ella al contarme esto, me excitaba. Era extraño. Al principio sentía rabia, tristeza por su vida, pero ahora sentía en ese momento ganas. Excitación. No aguanté las ganas y la empecé a tocar yo. Ella se excitó también. Tuvimos sexo. Fue un sexo tan ardiente. Muy apasionado y algo sucio. Fueron los 45 minutos más intensos hasta ahora de toda mi vida...
Al terminar juntos aquella apasionante pausa activa, le seguí preguntando. Quería seguir sabiendo más de ella. Lo que aquel tipo le estaba enseñando. Lo que ella pasó en aquel tiempo. No les cuento lo que pasó luego, porque estamos hablando de una niña de apenas 15 años frente a un tipo de 34. Sólo diré que aquel tipo logró abusar de ella. ¡Sí! ¡Porque eso fue un maldito abuso!
-'Esa fue mi primera vez con un hombre'- me comentó. -'Luego de esa vez, pasó 1 año. No volvió a tocarme esos temas de prostitución. Pero en cambio sí hicimos muchas fantasías. Hicimos muchas cosas juntos. Unas muy románticas y otras muy íntimas. Muy sexuales. Muchas de esas fueron cosas que no imaginas Mateo. Incluso, él logró convencerme de estar con uno de sus primos. Me dijo que pensara que estaba con él. Lo hice pensando en él. Me enseñó a beber, a fumar, y me dijo una vez que tomara unas pastillas que hacían que yo no sintiera cosas raras o nervios. Las tomé. De verdad confiaba mucho en él. Recuerdo que una noche, hablando con él y sus primos en la sala del apartamento, uno de ellos sacó un polvo blanco y empezó a meterlo en su nariz delante de nosotros. Mi pareja también lo hizo y luego su otro primo. Yo estaba vestida con un short y una pequeña blusa que apenas llegaba a mi ombligo. Él de repente empezó a tocarme las piernas y delante de sus primos empezó a decirme que se estaba excitando. Yo también me estaba excitando. Sus primos al verlo a él haciendo eso, también se estaban excitando. No pensé en ellos, solo en lo que yo sentía. Empezó luego a besarme y excitado me decía al oído que si también quería dejar que sus primos me tocaran. Yo le decía que no. Él seguía y yo me excitaba más. Me excitó tanto que resulté sin darme cuenta siendo tocada por uno de sus primos. Su primo me besaba el cuello. Me excitó mucho más, y luego su otro primo también empezó a tocarme'- ¡Uff! No lo van a creer pero, nuevamente al oír eso me dieron nuevamente ganas de otra pausa activa con Samanta. Lo siento, pero soy solo un hombre. Soy humano y siento. Ella también sintió.
Despues de la segunda pausa activa juntos, ella prácticamente me dio a entender que por primera vez experimentó un trío. A los días siguientes a eso que pasó, me contó que su novio le había vuelto a mencionar el tema de estar con otro hombre. Que era una de sus fantasías. Que quería sentirme como una verdadera puta. Que eso le excitaba. Yo acepté. Ya estaba muy enamorada de él. Cuando estuve con otro hombre, éste me preguntaba que por qué el chico que decía que me amaba me hacía daño, que por qué dejaba que otras personas me tocaran si decía que quería una familia conmigo. Ese hombre me hizo entrar en razón. Me hizo pensar mucho en la vida que estaba llevando. No era la vida que había soñado cuando tenía 15 años. Yo ya tenía 16 años. Pensé mucho en eso por muchos días. Me sentía ya muy extraña junto al que creía mi príncipe. Ya no era ese príncipe... Fue tanto lo que pensaba y que sentí, que un día me decidí por irme sin decirle nada. Me regresé a la casa de mis padres... Mi madre al regresar, me vio. Lloró al verme. Me dijo que le dolía mucho lo que mi padre había hecho. El hecho de haberme corrido de la casa. Que ella ya no vivía con él. Que él se había marchado con otra mujer...'-
Hice otra pausa, tranquilos, no era una pausa activa de esas que ya se imaginan. Esta vez, la invité a salir del apartamento, compré dos jugos naturales y la llevé a caminar. Fuimos a caminar al malecón de la ciudad. Caminar a orillas del río de un lado y al otro las tiendas de ventas. La brisa era fresca y la sombra de los árboles nos cobijaba. Era todo muy a gusto. Le pedí que me siguiera contando su historia, y ella prosiguió...
Me contó que entre sus 16 y 19 años, en ese periodo, su madre empezó a salir mucho con amigos. Casi no pasaba en casa. Y que a su casa empezaron a llegar mucho sus tíos. Dos tíos que tenía, que desde siempre la intentaban a morbosear, y seguían de nuevo viéndola de forma extraña. Empezaron a ser frecuentes sus visitas, y la molestaban con palabras algo atrevidas y de doble sentido. Ella los ignoraba, pero sin embargo pensó en tener novio para evitar que sus tíos la molestaran. Fueron relaciones igual o incluso más apasionadas. Samanta ya era una experta en muchas cosas a su corta edad. Tuvo dos novios.
Aquí viene la parte crucial en toda su historia. Su último novio, ¡jah! Un día, mientras estaba con ella en medio de su excitación, la confundió con una mujer distinta. Quizás una novia o una ex novia. Ella no lo pudo comprobar. La llamó 'Samanta'. Ella me relató que se levantó de allí y se marchó luego de abofetearlo fuertemente con tanta rabia. Se sintió como 'la otra'. No quiso volver a saber de novios. No quería saber más de es cuento de los 'príncipes'. Pero... En medio de tantas cosas que había vivido y experimentado hasta ahora, admitió algo. Le gustaba demasiado el sexo. Ya sentía que era parte de su vida como respirar. Me comentó que, además de sus tíos, habían también dos primos que empezaron a ser muy amistosos con ella. Muy amables. Primos que no lograban disimular las ganas que tenían de estar con ella. Ella lo sabía... Ella confiesa que, sus primos eran muy apuestos. Que tenían atractivos físicos que a ella algo le llamaban la atención. Tanto así que, a sus 22 años, en fecha de su cumpleaños, luego de mucha insistencia en medio de los efectos del alcohol en una fiesta que se organizó, sus primos lograron conseguir lo que querían. No me dio los detalles de lo que pasó de forma obvia... Pasó lo que se supone tenía que pasar. Nuevamente, con dos tipos. ¿Fuera de control ya esto, no? ¿Algo enfermizo? No sé, a veces quizás las cosas solo se dan cuando no hay una buena formación y relación familiar entre padres e hijos. Cosas así suelen pasar... No la juzgo. Yo andaba igual o quizás peor. ¿Qué moral tendría si trataba de novias a mujeres en revistas de porno? Me masturbaba con tanta intensidad y de tal forma como si las tuviera en frente... Le hacía el amor a mis manos, ¡por Dios!
En fin, ella siguió contándome. Su madre apareció muerta en la calle un 13 de Febrero. La policía le notificó que un hombre la había querido acceder ofreciéndole dinero. Ella no accedió. Y la mataron. Su madre salía mucho con amigos, porque sencillamente era una prostituta. ¡Vaya forma de enterarse!
Samanta, no soportó el dolor de su vida, de la pérdida de sus padres, de la pérdida de su mejor etapa. Su niñez. Su adolescencia no existía. Se marchó de su casa y deambuló errante buscando alejarse de las partes que la hacían recordar su difícil vida. Alejarse de los tristes y amargos recuerdos.
En su caminar perdido, el destino la volvió a encontrar con aquel hombre que un día la subió en su coche. Esta vez, él no la quería como su novia. Ella no lo veía ya como su 'príncipe'. Al verla, él sólo pensó en sumarla a su negocio. ¿Recuerdan cuál era su negocio? -'¡Hola princesa!'- así comenta que la saludó. Ella me relata que le respondió: -'No me digas princesa, dime Samanta'-
Así empezó. Todo fue un mar de momentos difíciles para ella. Ella quería solo borrarlos. No recordarlos. El método, la prostitución. Al fin aquel tipo del coche había logrado lo que quiso. Sus primeros clientes eran de 30 a 40 clientes por día, hombres e incluso mujeres. Su cuerpo soportaba horarios laborales de 6 horas y los fines de semana se prolongaban más. Necesitaba analgésicos para aguantar. -'Desde la primera vez sabía que estaba ya muerta en vida. Me tocaron diferentes hombres y las chicas jóvenes somos solo carne fresca. Me insultaban, pegaban, escupían, no me respetaban y así pasaban días, semanas, meses, pero eso ya no me importaba... Hasta que se convirtieron en cuatro años. Yo solo no pensaba en la labor sino en las ganas y el placer que de alguna forma no se iban de mi. En tiempos libres me comía un dulce, y lo saboreaba como si fuera un pene'-, me comentaba ella. Increíble. Siguió relatándome...
-'Yo tenía un cliente favorito; un hombre de 53 años que me tenía mucha confianza. Venía todos los viernes en la noche e íbamos a su casa. Una noche quedé con dos amigos ladrones para que esperaran cerca de su casa. Cuando llegamos a la casa yo les di entrada a los dos. Yo estaba muy cansada y mis compañeros drogados. A mi cliente lo maniatamos y lo sentamos en una silla. Mis amigos le pegaron para que dijera dónde estaba la plata hasta que habló. En ese momento me dio un ataque de como de epilepsia o algo así y caí al piso. Mis amigos hijos de puta se fueron con la plata y me dejaron allí. Cuando llegó la policía estaba tirada en el piso y mi cliente atado: mordí la mano que me daba de comer. Me arrepentí de haber hecho eso. Por ese robo con armas, fui condenada a 4 años de prisión. Me reunieron en la misma celda con otras mujeres que habían sido prostitutas. Las autoridades que nos tenían que vigilar también se ocupaban con nosotras, llegaban a eso de las 11:00 PM y se metían con nosotras en la celda; mal nacidos con uniforme se desfogaban sus ganas con nosotras. Se supone que ellos solo nos tenían que vigilar y no, también nos trataban como una cosa'- ¡Qué mierda! ¿Es en serio?
No pensó en escapar porque quería solo la libertad pronto. Eso me decía. Pero tuvo una forma, y era hacerse pasar como una loca, así es, como una loca. Al menos la trasladarían a un manicomio y estaría fuera de esos abusos. Lo hizo así. La llevaron a un manicomio. -'Al principio fue difícil, pero como todo terminé por adaptarme a las drogas que me suministraban. Tuve varios abusos, pero, ¿Sabes? Al fin en ese sitio aunque sea gracias a medicamentos, pude conocer de nuevo el sueño. Volver a dormir. A descansar. Aunque confieso que muchas pesadillas me han estado instigando, y a veces siento que en realidad sí estoy volviéndome loca. Incluso pienso que hablar contigo Mateo es solo parte de una de esas pesadillas. Que estoy solo relatando algo de mis pesadillas'-
¡Espera! ¿Cómo así? ¿Que soy parte de un sueño, de una pesadilla de Samanta? Ahora siento que el loco soy yo...
(suena un celular) Abro los ojos, son las 6:00 AM del 14 de febrero. Llaman a mi celular. Contesto. Un policía está en la línea... (un breve silencio). Mis lágrimas salen...
¡Samantaaaa! ¡Noooo!
jueves, 28 de febrero de 2019
A mi edad
A mis años
me dan flojera los celos,
me da sueño la obsesión;
“Me dan risa las frases
de superación personal
disfrazadas de poesía".
Pienso para hacer ejercicio;
puedo tomar tres cervezas,
enviarte un whatsapp
y esperarte en el hotel
más cercano,
sin atarnos,
sin herirnos.
Dividir la cuenta
o pagarla yo,
el dinero es un mal necesario;
levantarme temprano
para trabajar a gusto en el día.
A mis años,
prefiero una comida en solitario
que un gran menú
de peleas innecesarias,
si de todas formas
todo se termina.
A mis años
el sexo es el mejor pretexto
para decirte
no te vayas,
no te quedes,
llevate tus monstruos
déjame los míos.
A mis años,
solo leer tiene gracia,
solo esas pequeñas cosas
qué no me lástiman valen la pena.
A mis años
mi mundo
ya no mendiga amor.
- Vogard Pastelin Taboada
Crédito
LA PROSTITUTA
LA PROSTITUTA...
Autor: Juan Carlos Carvajal Escalante.
"Samanta, era una prostituta de gran belleza, tenía unas largas piernas, un buen trasero y unos pechos medianos, tenía una gran belleza que la hacía resaltar de las demás prostitutas. Su piel era blanca, tenía un aroma incitante al sexo. Su voz seducía y provocaba orgasmos y sueños intensos...
Un día, fui en busca de un poco de sexo y encontré a Samanta, llegamos al cuarto de un hotel. Tuvimos sexo. Yo quedé asombrado ante su inigualable pasión. Sus movimientos, su perversión y ese rostro que colocaba cuando la penetraba una y otra vez. Era como si le gustara tanto sentirlo adentro y que la tratara fuerte y con intensidad. Palabras sucias iban y venían. El sudor y los azotes inspirados por la excitación y esas ganas de no parar de 'coger'... Pero debo admitir que hubieron momentos en los que me inspiró tratarla tan suave y dulce. Momentos en los que me dejé deslumbrar por su belleza y su delicadeza propia de mujer... Lo reconozco. Todo fue muy bueno.
Días después, bajo una tarde lluviosa me sentí bastante solo. Me encontraba en mi habitación. Decidí salir y dirigirme de nuevo a aquel lugar en donde Samanta ofrecía sus servicios. Pensaba en ella. Justamente allí la encontré, le ofrecí cierta cantidad de dinero y la invité a mi apartamento. Llegamos a mi habitación y Samanta comenzó a desnudarse, pero yo la detuve. Le dije que esperara, que esa noche sólo quería platicar y tomar un poco. Quería conocerla. Ella enmudeció y se me quedó mirando a los ojos. Soltó una risa tímida y luego accedió, me empezó a contar acerca de su vida.
Ella, había nacido en un hogar disfuncional, donde su padre era alcohólico y su madre pasaba ocupada saliendo con amigos casi siempre, y prácticamente ella no les importaba en lo más mínimo; dos de sus tíos la morboseaban bajo palabras de vez en cuando atrevidas o ambiguas, la mayoría de sus primos querían estar con ella. A los 15 años había escapado de su hogar. Me comentó que los 3 únicos novios que pudo tener fueron su refugio y aprendió muchas cosas en temas sexuales de ellos. La llevaron a cumplir sus fantasías, como tríos con amigos. Todo eso sucedió entre sus 16 y 19 años. Confesó que a sus 22 años en una ocasión accedió a tener sexo con dos de sus primos al tiempo. Lograron excitarla hablando de temas íntimos luego de tanta insistencia... También me dijo que, jamás había terminado sus estudios y que siempre le había sido difícil conseguir un empleo, que había dormido varios meses en la calle y todo eso la había orillado a la prostitución. Me contó sobre los maltratos de algunos clientes, y lo repugnante que era para ella el acostarse con hombres con poca higiene, drogadictos y desquiciados.
Me dijo lo importante que sería para ella escapar de la prostitución, que ella soñaba con formar una familia, tener un lindo hogar, e incluso tener hijos. Admitió que le encantaba demasiado el sexo, que le gustaba cada momento de ello, pero que en definitiva eso no era lo que la hacía feliz. Que eso para ella terminó siendo también como una especie de droga o placebo. Me sorprendió mucho su forma de pensar, y ver todo aquello que yacía oculto dentro de esa mujer...
Salimos un par de ocasiones más, platicamos, hicimos planes de salir solo a caminar. Cada vez me asombraba más su manera de ver la vida. Sentí que me empezaba a enamorar de ella...
Pero un día, dejé de ver a Samanta por un largo período, por cuestiones de trabajo, no recuerdo muy bien si fue por dos años o más; pero de ella no volví a saber. Debo admitir que seguí pensando en ella. Me preguntaba a diario por su vida, por su destino, por cómo estaría o cómo habría pasado su día.
Una tarde, caminando por el vecindario, la encontré, estaba allí parada. Aún conservaba su belleza. Se me aguaron los ojos. A ella le brillaron. Me acerqué y sin dudarlo nos abrazamos. Fue muy emocionante aquel momento. Platicamos por un largo rato, me contó muchas cosas. Había abandonado la prostitución y había encontrado un trabajo decente; me dio su dirección y dijo que pasara a visitarla cuando tuviera tiempo... No lo dudé y le robé un beso. Volví a abrazarla y nos despedimos prometiendo volver a vernos. Eso fue un 10 de enero.
Pasó luego un mes y no podía aún ir a visitar a Samanta, tenía demasiado trabajo, así que pensé en invitarla un día antes a salir y luego terminar en su apartamento o en el mío, un 13 de febrero, para que justo el día 14 de febrero día de los enamorados cuando el reloj marcara las 12:00 AM, decirle lo que ella había despertado dentro de mi al haberla conocido, y declararle mi amor. Pedirle que se casara conmigo. Pero...
Pero... ¿Saben? Es aquí justo en este punto donde siempre suelto en llanto. Era un martes por la mañana. Ese día era 14 de febrero. Estaba en mi habitación. Recibí una llamada, era un Policía, me preguntaba cosas acerca de Samanta, pues había encontrado mi número en su agenda telefónica. Le di mis datos y le dije lo que sabía acerca de ella. Yo aún no comprendía la razón de aquellas preguntas pero presentía algo extraño. Él me dijo... Él me dijo. Me dijo que Samanta había muerto...
Perdón. Perdónenme, haré una pequeña pausa. Recordar eso me duele mucho. No me sienta bien... Lo siento...
Bien, aquí estoy de nuevo. Quiero seguirles contando. El Policía aquel me comentó mientras yo me desangraba en lágrimas, que por la noche anterior, un sujeto había llegado a su apartamento y le habría ofrecido dinero a cambio de sexo, ella no accedió y el sujeto la entró por la fuerza a su apartamento, la golpeó y abusó de ella, y después la mató. Que no había dejado pista alguna y que solo estaba su agenda telefónica. Que intentaron contactar a cada uno de esos números para dar la noticia a alguno que quizás fuera un familiar o un conocido de ella. Sospechaban de que fuera un sujeto que habría sido uno de sus clientes cuando ella era una prostituta. Me quedé sin palabras, sentí un nudo en la garganta y un fuerte sentimiento dentro del pecho. Esa vez sentía que el corazón se me partía en dos. Aún hoy siento que lo tengo partido en dos...
Como ella no tenía familiar alguno, yo fui a reclamar el cuerpo, para darle un funeral digno. Al llegar a aquél lugar, escuché a los policías decir que lo que le había pasado, ella se lo había buscado, que era una prostituta, una escoria menos para la sociedad, que bendito fuera el hombre que le había quitado la vida. Yo me llené de coraje, ellos no habían conocido a Samanta como lo había hecho yo. Ella era una mujer. Una gran mujer que había elegido mal su camino pero que quería recuperar un nuevo respiro para su vida como esa gran mujer que en el fondo siempre fue...
El día de su funeral, fue demasiado triste, no fue nadie, solo yo. Nadie le podría llorar sobre su tumba excepto yo. A nadie le iba a hacer falta, sólo a mi. Yo la miré allí dentro de aquella caja, me maldije a mi mismo por no haberla ido a visitar unos días antes. Quizá si yo hubiera estado allí ella aún estuviera con vida. Me arrepiento de no haberle dicho 'Te quiero Samanta', de no haberle dado un último beso, un fuerte abrazo. De no haberle dicho lo importante que era para mi. Ahora, ella estaba allí dentro de aquella caja. En sus labios se dibujó una ligera sonrisa, quizá porque ella supo que por fin había terminado, que al fin terminó ése infierno para ella. Quizá supo que sí había alguien que la amaba y no hubo tiempo para decirlo...
Pero... Lo que más me atormenta hoy, es que hoy me encuentre relatándoles esta historia entre lágrimas desde la cárcel. Al final, aquel que la habría matado fui yo, y todo fue solo un mal trastorno de mi mente que me llevó a hacer cosas que jamás imaginé... Realmente no era una prostituta, era mi prima, a quien por esas tantas ganas enfermas que le tenía la dibujé en mi mundo como una prostituta...
Lloro, porque siento impotencia de lo asqueroso que fue aquel amor supuesto que sentí por quien fuera parte de mi sangre, a quien de forma obsesiva y enferma anhelaba poseer y hacerla mía...
Pero, ¿saben qué? Después les seguiré contando lo que siguió pasando conmigo desde ese día... Porque ya casi es hora de tomar mi medicina... El psiquiatra me tiene bajo un tratamiento muy cansón. En el manicomio muchos dicen que estoy loco. Es curioso, solo el psiquiatra y los asistentes médicos dicen que lo estoy... Mis compañeros en cambio no."
- ¡Uff! ¡No crean, solo fue una pesadilla que les quise contar! ¡Qué extraña pesadilla! ¿Qué rara pesadilla, verdad? Bien, los dejo... Debo ir a trabajar. Mis clientes y el sexo no pueden esperar...-
Atentamente,
Samanta. La prostituta.
martes, 26 de febrero de 2019
Querer querernos
Querer querernos
Andabamos sin buscarnos
aunque sabiendo que andabamos para encontrarnos
Y aunque no creo en el amor a primera vista
Creo en el querer a primera noche
Y te dije que pasaría porque sabía que sabías
Que sabía que querías
Y fueron nubes la que use de trampolines
Y tiburones los que vestí de delfines
Un arco iris de tobogán, Por
donde me dejé caer hasta aterrizar en un río de paz
Los ruidos, parecían cantos de ángeles del cielo
Y no es que yo halla estado allí
Sino es que aquí no suena na' tan bueno
Sentía un fuego que me acariciaba el alma
Y me comenzaban a crecer sonrisas en la barba
Tenía alas, para atravesar las nubes
Y olía tan bien que hasta las flores querían mi perfume
Crecí tanto que a los planetas los tomé en mis manos
Y jugué con ellos a las metras en segundo plano, Claro
Que a los pocos instantes me encogí
Para poder volar y volar sobre un colibrí
Si, los arboles cantaban Jazz o tal vez Blues o quizás paz
Tal vez algo más
Caminaba en el mar, podía parar el tiempo
Acelerar, repetir con un simple movimiento
Podía quitarme la vida y nacer de nuevo
Porque el paraíso a donde iría no sería tan bueno
Era perfecto, como si de un cuento se tratase
Podía hasta crear un defecto, por si lo perfecto me asustase
El hecho es que por un instante entré en razón
Y no estaba soñando
Estaba haciéndote el Amor
Fue plenitud lo que sentí, estando dentro de ti
Bailando por adentro de tu cuerpo
Algo tan simple como que yo voy en ti y tu vas en mí
Como dos piezas que encajan perfecto
Y aunque seis mil millones de humanos, tu y yo
Somos una especie que murió hace tiempo
Sólo queda una hembra y su complemento
Por eso es tan natural Querer Querernos
Y mis labios escalaban tus cordilleras
y unidos más que "Pangea"
Me acelerabas el miocardio
Cuando las olas que imitaban tus caderas
Reventaban en mi abdomen
Llenándome de tu río caldo
Besaba yo tus pies para estar en tus huellas
Mi lengua rozaba tus piernas y entre ellas
Y como una vil "leguleya"
Peleabas por el derecho a elegir en que posición ver las estrellas
Podías reír, sudar, gemir, hablar
Para explicarme porque parecía ibas a llorar
Y yo tocándote, como quien se estira por la mañana
Y hace ruidos de placer al hacer que nada en la cama
Sobran las palabras debería callarme ya
Y hacerte el Amor despacio al compás de este humilde Rap
Que es para ti, hecho pa' ti, escrito pa' ti, cantado a ti
Y cualquier otro adjetivo que termine en ti
Si, a través de mis ojos tú te vieras
Y en mi cuerpo sintieras lo que me inspiras
Te vieras con sed abrazarte quisieras
Ya esa es la forma como estos ojos te miran
Iba aterrizando en las nubes de trampolines
Fueron tus sueños los que usé como almohadines
Y antes que se termines esta corta canción
Olvidaba decirte
Que me encantó hacerte el amor.
Fue plenitud lo que sentí, estando dentro de ti
Bailando por adentro de tu cuerpo
Algo tan simple como que yo voy en ti y tu vas en mí
Como dos piezas que encajan perfecto
Y aunque seis mil millones de humanos, tu y yo
Somos una especie que murió hace tiempo
Sólo queda una hembra y su complemento
Por eso es tan natural Querer Querernos
Y ahora quién sabe cuándo, volvamos a vernos...
Compositores: Tyrone Gonzalez